Video Mapping Deep Dream

Hace no más de un mes Google anunció su nuevo proyecto llamado “Magenta“, un trabajo que busca responder la siguiente pregunta: “¿Se puede utilizar el aprendizaje de las máquinas para crear música y arte interesante?” La idea, de acuerdo al equipo que está detrás de Magenta, es utilizar las redes neuronales para que las computadoras imaginen composiciones musicales y artísticas. Pero ¿Es esto posible? ¿Cómo impactan estos proyectos a los artistas digitales? ¿Sería posible considerarlo arte? Aquí te damos nuestra opinión al respecto.

Redes Neuronales y el Arte

Las redes neuronales son una serie de algoritmos que buscan imitar el comportamiento del cerebro humano, en específico las neuronas y sus conexiones, para analizar y resolver problemas complejos.

No es la primera vez que se utilizan redes neuronales como herramienta para la generación de arte. Por ejemplo, existen sitios en la web que utilizan estas redes para combinar fotos con estilos de pintura; creando imágenes inéditas y muchas de ellas muy estéticas.

 

Deep Art IO

Uno de estos sitios lo puedes encontrar en Deep Art

Incluso, el propio equipo de Google Brain –el área de Google detrás de proyecto Magenta– ya ha tenido otros avances en la materia. Uno de sus proyectos llamado Deep Dream es un software que utiliza algoritmos que fueron entrenados mostrando millones de imágenes como ejemplo, para así ajustar poco a poco los parámetros de la red neuronal y así obtener imágenes surrealistas, psicodélicas y oníricas.

Poker Dogs

Poker Dogs de de C. Coolidge interpretada por Deep Dream

 Arte Digital

Con la creación de estos proyectos como Deep Dream y Magenta ¿Qué sucede con los artistas digitales? Es decir, el artista digital utiliza diversas herramientas para hacer sus trabajos, pero ¿En qué momento se dibuja la línea entre el trabajo de la persona y la ayuda que provee la herramienta? Los creativos digitales de hoy en día cambian el pincel y el papel por el mouse y la computadora; sin embargo, el trabajo de creación sigue perteneciendo a la persona y la herramienta simplemente es diferente, pero no sustituye el proceso creativo en el que el artista se ve envuelto.

¿Estas herramientas como Magenta pretenden sustituir el proceso creativo? Si es así, entonces ¿las máquinas se considerarían artistas digitales? O incluso nos podemos ir a un paso más atrás y preguntarnos ¿Lo que producen estos algoritmos se consideraría arte? Si tomamos en cuenta que pinturas consideradas de “arte moderno” como “Onement VI” de Barnett Newman se venden en 44 millones de dólares, podríamos decir que las obras creadas por las redes neuronales son un poco más elaboradas, pero ¿Son arte?

Onement VI

Onement VI de Barnett Newman

 ¿Cómo impactan estos proyectos al Video Mapping?

Existe una gran cantidad de hardware y software que hacen posible el video mapping. Desde los propios proyectores hasta los programas de VJ que nos permiten mappear las superficies donde proyectamos; sin embargo, el componente principal del video mapping siempre ha sido la interpretación creativa de la superficie, que es resultado de los artistas que generan el contenido.

Es muy posible que estas redes neuronales en pocos años sean tan complejas que puedan ser capaces de crear contenido ad-hoc a una fachada o a un objeto, pero si analizamos los contenidos generados a inicios del video mapping y los comparamos con los que hay hoy en día, nos podremos dar cuenta que como en toda actividad artística existe una evolución y un rompimiento de reglas y paradigmas que se establecieron en un principio.

¿Acaso no fue así como se crearon las diferentes corrientes artísticas? Cuando una corriente es tan dominante en una época que los artistas de ese momento deciden romper las reglas y generar algo completamente diferente a lo ya visto hasta ese momento. ¿Las redes neuronales serán capaces de crear esa disrupción? Nos queda claro que son capaces de encontrar patrones tras analizar millones de datos, pero ¿Serán capaces de romperlos?

Por el momento no debemos preocuparnos que un programa vaya a sustituir nuestro trabajo como artistas digitales, especialmente cuando el arte es un tema tan subjetivo y dependiente de las emociones del ser humano, así como de la perspectiva e interpretación de los ojos que la crea y que la observa. Las redes neuronales podrán replicar patrones y algoritmos, pero al final del día son una serie de instrucciones sin un objetivo interpretativo.

Lo que nos queda a nosotros como estudio creativo es ser parte de esta evolución y desarrollo tecnológico. Seguramente estos avances, tanto en inteligencia artificial como en las herramientas que usamos, podrán ayudarnos a crear mapping cada vez más complejos en las superficies más descabelladas y en las situaciones menos esperadas. Para nada hay que ver esto como una amenaza, es más bien una oportunidad de construir proyectos más ambiciosos y de llevarlos y compartirlos con más personas, tanto para que sean testigos de nuestro trabajo como para que sean creadores del suyo.